Júrame

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El espíritu de una comunidad

De un pueblo que guarda el conocimiento ancestral del maguey nace una marca representativa, entrañable, y funcional.

Una distinción clara

Crear una marca de mezcal es una hazaña profundamente emocional ya que conlleva una responsabilidad enorme con una de las artesanías más antiguas de la cultura mexicana. Significa darle voz y forma a un tesoro nacional. Para Júrame, un mezcal con más de un siglo de historia, decidimos inspirarnos en el arte mexicano de inicios del siglo XX.

La historia comienza en Ipiña, en el municipio de Ahualulco, San Luis Potosí. En Hacienda La Flor, una hacienda mezcalera con más de 100 años de antigüedad se guarda el secreto del mezcal potosino. Aquí la comunidad ha trabajado el cultivo del maguey desde que los habitantes tienen memoria. Es aquí donde el conocimiento ancestral toma forma, donde se convierte el maguey pasa a ser el milagro del mezcal.

En aquellos tiempos post-revolucionarios, el papel picado comenzaba a popularizarse en las fiestas, se erguían edificios art-deco en las ciudades del país, y sonaba la música de Maria Grever en las calles.

Es una de estas canciones, Júrame, que inspira el nombre de este mezcal.

De las formas de las artesanías, del papel picado, y de la geometría del art-deco surge la identidad visual de esta marca.

Mexicano, auténtico.

Había que crear una narrativa que subrayara la mexicanidad del mezcal, al mismo tiempo que se diferencia de los competidores, principalmente oaxaqueños y de otros estados de la república. Por eso tomamos como elementos principales temas comunes a la identidad de cualquier mexicano, al mismo tiempo que incluimos elementos gráficos del lugar de origen del mezcal y la comunidad que lo produce.

Júrame destila el espíritu de la comunidad que lo produce, es un fiel reflejo de la tierra donde crece y el entorno que le da su sabor único.

La geometría de la identidad de Júrame encuentra su inspiración el papel picado y la especial simetría del Art-Deco.

Júrame Eternidad

El blanco del mezcal y el azul de la noche son colores significativos detrás de la marca. El azul representa la profundidad, confianza, lealtad y sabiduría. Mientras que el blanco representa las bondades del mezcal, la pureza que sólo puede encontrarse en Júrame.

El milagro del mezcal, que nos antecede y nos sobrevivirá, encuentra cauce en esta botella, con esta identidad que comunica el carácter eterno de la cultura mexicana.

“Clavados a la tierra, como monolitos vivientes, los magueyes ven pasar, una tras otra, las generaciones de los hombres. En sus pencas coronadas de espinas, en su corazón jugoso guardan todo el conocimiento del mundo, un mundo sin prisas, sin trampas. Cuando su savia corre por nuestras venas, una sensación tranquilizadora se apodera de nosotros: la sensación de lo sabio y de lo eterno.” Fausto Rasero - Artes de México